viernes, 17 de julio de 2009

Quiero descansar















Te he llorado cuatro años, pero debo terminar con esto. No quiero. No quiero soltar la consistencia de tu mano, la afición a tu palabra. Me haces tanta falta, Héctor. Vivo crónicamente en un rincón de tu cocina, entre las piedras del patio, en el vacío de la alberca retirada, en el recuerdo del Tyson y la Morris.
***
No sueño otra cosa que no sea tu casita Monroe y los Boteros aferrados a tu tierra y ventanal que engaña. Sigues siendo lo mismo. Acudo siempre a tu cobijo firme, como la hoja endeble acude al cobertizo, como va la mano en el invierno hasta el bolsillo, el músculo cansado al recoveco.
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Pero hoy quiero decirte: ya no.
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He luchado cuatro años en soledad y a solas. Quiero verte vivo y no hay manera. Existo divagando con la rabia sublime de que estás, que la vida que he llevado es una perra pesadilla, con guiones, manuscritos y líneas suprimidas.
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Hoy sólo quiero decirte: adiós.
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Voy a enterrarte, Héctor, cariño, aunque no lo creas. Te he extrañado tanto que he dejado de pensar. Vivo de noche y agonizo el día. He recolectado cosas tristes, he acumulado ataques masivos de pánico, simulacros superfluos de muerte, bautizos actuales de antiguas ofensas.
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Papiroflexia. Construye una nube, un avión fantoche donde se pierda tu alma volando, un avión templado que te acerque al resplandor de la verdad, que vuele en domingo, que te lleve de mí. Un avión pomposo que tumbe naranjas y amoneste abejas.
***
Pero, Héctor, la piedrita, ponle una piedrita en la punta para que alcance más vuelo. Ya te miraré después, ya me contarás.
Pero hoy te digo: adiós, que descanses, papá.

4 comentarios:

Bruno Di Benedetto dijo...

Fidelia: mi papá murió en 1990, mientras yo dormía a 1500 kilómetros de distancia. Dolió, dolió casi insoportablemente. Pero llega el momento en que el dolor se transforma en algo parecido a una tristeza muy dulce. Abrazo.

Bracelli dijo...

Querida amiga, cuando tras la huida de las cosas, también, como un espanto inesperado, se pierde el paso y la sombra de a quién amamos y nos ama, viene el tiempo de la desazón, de las dudas..., luego, como el agua mansa de los días y los puentes, resurge la ternura o la melancolía generosa del recuerdo. Un hermoso homenaje. Siempre tan especial...
Un abrazo.

Elizabeth Sobarzo dijo...

Puta madre las nostalgias nos agarran de los pelos, de los pelos de las letras, de los pelos que nos patean la orzuela de las letras

Fidelia dijo...

Gracias Eli, la vida es inutil.