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Escribir, escribir... pero qué obsesión. Abro una cerveza y me quedo viendo la pantalla de la computadora en blanco, en blanco la hoja y en blanco el cerebro. Volteo para todos lados buscando con qué distraerme para no aceptar mi derrota. Un libro de cocina asiática, no, no...leer las amenazas en el bote de cerveza, tampoco, no...mirar por la ventana, no se ve nada, está clausurada, ya dejó de ser ventana. Tal vez lo mejor sea que me ponga a buscar el hilo dental que no encontré por la noche. Las palabras hoy no están donde las puse. Rascarme la cabeza siempre me saca de apuros en estos casos y puedo hacerlo por horas. Opto por esto último y me tiro a la cama. Ya nos veremos las caras después.
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Tengo ganas de moverme, ver esta casa y estos árboles resecos desde otro ángulo. Ángulo lunar, claro.
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Sigue todo en blanco. Nininini ya llegó y no hay qué comer. Ahora en la tarde hay lectura en la escuela de Letras. Todo es importante, yo nunca discrimino nada ni a nadie. Serían pendejadas. Hay que salir. Clonazepam para los desvaríos, pero qué gueva cargar con el frasquito para los amigos. La pantalla se pone en negro, pateo el mouse desde la cama. Sigo.
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Nininini fue al doctor y no le he preguntado cómo le fue. Me muero por un perro, pero uno de verdad, de esos que muerden. Y no es que no me baste con mi gato Manolo, Francisco, Cotys, ha tenido muchos nombres, incluso dos nombres al mismo tiempo y él ni se inmuta, qué chingados le va importar ¡es un gato! Pero sí, me urge amor perruno.
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Sigo en la cama con la mano en la cabeza. Autopiojito se le llama a esto y es posible, sólo tienes que desentenderte de tu mano y listo, es como si ese dulce doncello o ese viejo barbado e impetuoso (cuestión de gustos) te acariciara los cabellos, mientras tú esperas a que lleguen solas las palabras en vez de pararte a buscarlas. Autopiojito. Pateo de nuevo el mouse. Ya no llegaron y hay que salir. Nininini enciende el carro, salgo corriendo dejando poemas inéditos tirados en el porche, en la banqueta... y camina una palabra por la calle, en dirección opuesta a la mía, claro.